Por Facundo Llano Fotografías por Holy Smoke
¿Puede la música cambiar el mundo? Claro que sí. Obviamente una canción no va a terminar con la guerra de un momento para otro. Pero lo que hace la música es unir a las personas, hacernos conocer otras realidades y darnos una versión ampliada del mundo. No toda, claro está. Pero el miércoles 2 de octubre, cuando nos acercamos a Groove para ver a Napalm Death, podemos ver decenas de personas, no solo luciendo la remera negra de su banda favorita, sino también consignas políticas que podrían ser una extensión de la marcha a favor de la educación universitaria pública y gratuita llevada a cabo unas horas antes. Y es que, para la juventud, es necesario que la visión política venga de actores que ellos sientan más cercanos. Para algunos puede ser Lali, para nosotros Napalm Death.

Antes del acto principal estuvo el hardcore de Miserere, el crossover de Eskrotacs (Desde Brasil) y el death metal de Blodig, cada una con buena respuesta de un público entusiasta.

A las 21:30, pues punks pero con puntualidad inglesa, sale Napalm Death con una de sus páginas más viejas; «From Enslavement to Obliteration». En lo que es su novena visita al país, y apenas año y medio después de la última, no sorprende ver el local de Palermo lleno en lo que, probablemente, sea su show como cabeza de cartel más convocante en suelo porteño. La explicación es sencilla; después de tantas visitas la gente sabe que Napalm Death no falla en vivo. Ante un aluvión de visitas, mejor invertir tu dinero en un grupo que te lo devuelve con creces. Y es que el cuarteto no se reserva energía, sobre todo su cantante, Barney Greenway, que hace que cada grito suyo cuente.

La banda aún sigue en el ciclo de su último disco, “Throes of Joy in the Jaws of Defeatism”, y teniendo en cuenta que su anterior visita no fue hace tanto tiempo, podríamos haber esperado un show similar. Pero los músicos se encargan de modificar la lista de canciones sustancialmente. Si el show de 2023 en Uniclub estuvo cargado por un espíritu punk y rabioso, podemos decir que este concierto se pasea por el terreno más experimental y a medio tiempo del cuarteto, con canciones como “Taste The Poison”, “Continuing War on Stupidity” o “Resentment Is Always Seismic”. Por supuesto hay lugar para clásicos infaltables como “Suffer The Children” o “Success?”, pero en general, de las viejas épocas, se esfuerzan por rescatar canciones que no han sonado en shows anteriores como “M.A.D” o “It’s a M.A.N.S World”.

Como siempre, el discurso político de Barney es tan importante como las canciones. Que no por conocido es menos importante. Si el vocalista sigue hablando de odio, xenofobia, homofobia, transfobia y fascismo, es porque esas cuestiones siguen siendo tan actuales como en 1987. Y también porque, aunque parezca risible, hay gente que pareciera nunca haber entendido a la banda que está viendo y se queja por su discurso político. La ideología de del grupo no se puede separar de su música.
Como siempre, el público ya mayor, parece rejuvenecer ante los arrebatos de furia y velocidad que son algunas canciones. Es que cuando uno ve la actitud del grupo en escena, uno no puede hacer otra cosa que responder de la misma manera. Quizás el único problema de la noche pasa por el alto volumen, sobre todo de la guitarra, si es que uno no usa tapones.

Ver a Napalm Death es siempre igual y siempre nuevo. Porque a más de cuarenta años de su creación, la banda sigue empujando todos nuestros conceptos, sean musicales o políticos. Es lo que la educación y el buen arte deberían hacer y el grupo parece alimentarse de eso.
Agradecemos a Noiseground por la acreditación al show.
Holy Smoke
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Facundo Llano
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