Por Sergio Silva Fotografías realizadas por Luli Papagna
Una vez más, la noche se vistió de gala. Las estrellas en el firmamento parecían conmoverse ante la ejecución impecable de los distinguidos músicos, formando un pentagrama imaginario sobre la ciudad. La luna brilló resplandeciente y una voz cálida y dulce se transformó en una brisa de verano que abrazó las calles porteñas.
¿Pero de qué estamos hablando? En este relato voy a detallar lo sucedido en la Sala Caras y Caretas, donde se presentó la banda número uno del metal progresivo argentino: Presto Vivace, celebrando sus 30 años de trayectoria. Las puertas abrieron puntualmente a las 20 hs.

Cuando tomé ubicación en el primer piso, el desfile de gente fue incesante. Todos buscaban su lugar para emprender un viaje sonoro a otra dimensión, porque Presto Vivace ofrece exactamente eso: una experiencia multisensorial única.
Cerca de las 21 hs las luces se apagaron y el público comenzó a cantar “Presto Vivace, Presto Vivace”. Acto seguido, un video repasó el paso del tiempo y la extensa discografía de la banda, generando un momento cargado de emoción para los fans que siguen a la agrupación desde sus inicios.
Tras esa introducción, Marcelo Pérez Schneider y su hijo Luciano desplegaron su magia instrumental, acompañados por el incansable Martín De Pas en la batería. Desde un costado del escenario apareció la talentosa Brunella Bolocco Boye, con su inconfundible voz, para dar inicio a este viaje musical interestelar. La apertura fue contundente con “La Advenediza”, “Otra Nada” y “Laberintos hacia el Vacío”.

La premisa del show fue realizar un recorrido por una trayectoria intachable, marcada por trabajos de alta calidad que no surgieron por casualidad. Detrás de cada obra hay horas de composición, estudio y perfeccionamiento, un trabajo minucioso que Presto Vivace sostiene desde hace tres décadas para entregar música de excelencia.

Uno de los momentos más memorables llegó cuando Marcelo Pérez Schneider se sentó, mientras los demás músicos tomaban un breve descanso. Para sorpresa general —incluida la mía— tomó su fiel instrumento en posición horizontal, como si fuera un teclado, y junto a un sintetizador comenzó a ejecutar una pieza sublime que envolvió toda la sala. La interpretación fue tan emotiva que muchos se pusieron de pie para ovacionarlo.

Como era de esperarse, también hubo invitados especiales. Gabriel Chaperon tomó el micrófono y desplegó su voz rasposa, típica del hard rock. En ese tramo, Agustín Pinto reemplazó a Luciano Pérez Schneider en guitarra, generando una combinación que llevó al show hacia tintes hard rockeros, heavy y neoclásicos, demostrando la versatilidad y capacidad de la banda para fusionar distintos estilos. Este segmento fue, sin dudas, uno de los puntos más altos de la noche.

Para el cierre, todos los músicos regresaron al escenario para interpretar las últimas gemas del repertorio: “La Dictadura de las Máquinas” y “Solo por Hoy”. El público, completamente entregado, respondió con una ovación que coronó una noche inolvidable para el metal progresivo argentino.

Agradecemos al sr Jorge Montiel responsable de Anubis Music por la acreditación al show.
Sergio Silva
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Luli Papagna
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