Por Facundo Llano
Una criatura llamada King Crimson
King Crimson no es una banda; es una entidad con vida propia. Es una criatura que ha ido mutando según su capricho durante más de cincuenta años. Podemos hablar de Robert Fripp, la mente maestra detrás de ella, pero creo que el mismo Fripp reconocería que él no doma la bestia, la bestia lo doma a él. Por sus filas han pasado incontable cantidad de músicos, cada uno aportando a la mutación que la criatura requería. No hay dos King Crimson iguales, incluso cuando sus miembros se repiten.
El lazo con Argentina
King Crimson también tiene una relación particular con Argentina, particularmente desde 1994, cuando la banda decidió que sería Buenos Aires la ciudad para mostrar su nueva encarnación, a través de 14 conciertos. Desde ese momento, Argentina estrechó un lazo muy fuerte con King Crimson, haciendo que cada uno de los miembros de ese grupo (actuales y pasados) nos visiten con asiduidad.
El nacimiento de Beat
En 2025 King Crimson no existe más, pero existe Beat, algo que podríamos clasificarlo como un desprendimiento del rey carmesí. Básicamente Adrian Belew, guitarrista y cantante de King Crimson durante la década de los 80 y 90, quería salir a tocar el repertorio ochentoso del grupo, algo que a Robert Fripp no le interesaba, pero que sin embargo dio su aprobación y hasta bautizó este nuevo proyecto. Para esto, Belew llamó a Tony Levin, su compañero en King Crimson. Para el papel de Robert Fripp el elegido fue Steve Vai, y para reemplazar al baterista Bill Bruford (retirado y con poco interés de revisitar su pasado o tocar música rock) el encargado fue Danny Carey de Tool.
Un show esperado
Entonces, sea un supergrupo o sea King Crimson con otro nombre, el público no dudó en llenar el Movistar Arena, queriendo presenciar un espectáculo que tenía esa sensación de “tener que ver sí o sí”.
Primer acto: la experimentación
El concierto se dividiría en dos actos. El primero arrancó pasadas las 21, en lo que podemos calificar como la sección más experimental del show. “Neurotica” da la patada inicial y desde el primer segundo el sonido será perfecto hasta el momento final. Sumado a la configuración del lugar, la situación se presta para que podamos prestar atención a los detalles en la interpretación de cada músico. Quizás lo que más se destaca es el rol de Steve Vai en un lugar secundario, casi desde las sombras y lejos del estilo histriónico por el que se lo conoce, pero también demostrando su capacidad de adaptabilidad, demostrando por qué se lo considera uno de los mejores guitarristas del mundo. Lo mismo podemos decir de Danny Carey. Claramente vemos a ambos músicos fuera de su zona de confort, y eso es lo que los hace destacarse aún más. Dicen que tocar música es el arte de escuchar al otro. Bueno, de eso mismo se trata esta formación.
Segundo acto: intensidad creciente
El segundo acto, que comienza luego de un intervalo de veinte minutos, podemos calificarlo como más rockero. Casi hasta metalero por momentos. Quizás el intervalo hace que el espectáculo se divida musicalmente, pero si no estuviese, podríamos notar cómo el mismo va escalando en intensidad, hasta llegar a momentos como “Sleepless” o “Three of a Perfect Pair”. Este repertorio es ideal para el vivo. Manteniendo la esencia, el grupo se las arregla para modernizarlo y hasta para acentuar la identidad propia, cosa que los discos logran, pero al mismo tiempo la producción los ata a determinada época.
Respeto a la obra de Fripp
Si hay algo que unifica a todos los miembros que han pasado por King Crimson, es el reconocimiento y respeto hacia la obra que ha creado Robert Fripp, incluso cuando, personalmente, dichos miembros no se lleven del todo bien con “el jefe”. Tal es el caso de Belew, que sabe que King Crimson es más grande que la figura de sus integrantes, incluso la de su propio líder. Por eso nos regala “Red”, de un periodo del grupo del que no ha sido parte. Pero el fin es con “Thela Hun Ginjeet”, directo de su propio periodo, como para certificar que esta época que homenajea Beat se mantiene por su propio peso.
King Crimson es tan importante que músicos como Steve Vai o Danny Carey ponen en pausa sus propias carreras para adoptar un papel secundario y rendir homenaje a esta banda que los ha marcado. Es ponerse en el lugar de fan y jugar a ser adolescente e imaginar que tocaban en dicha banda. Para Adrian Belew y Tony Levin, es reivindicar una música atemporal, rica, de la que ellos han tenido mucho que ver. Beat es un regalo para los fans que, por su propia naturaleza, no está hecho para durar, pero al menos, hemos podido disfrutarla en todo su esplendor.

Agradecemos a Vicky Roa Prensa y Comunicación por darnos la oportunidad de realizar la cobertura del show.







































